Cuando era adolescente, me uní al equipo de alabanza de mi iglesia local. Cada domingo, antes del culto, nuestro pastor reunía a quienes servíamos en la liturgia y oraba por nosotros. Sus palabras cambiaban semana tras semana, pero había una frase que nunca faltaba: “Señor, estamos en el aposento alto, y venimos con la expectativa de que Tú te manifestarás y nos bendecirás como solo Tú puedes hacerlo.” Esa declaración marcó mi discipulado y mi manera de entender el liderazgo. Hasta el día de hoy, vuelve a mi espíritu cada vez que me presento ante Dios y ejerzo mi ministerio. Me recuerda que el discipulado y el liderazgo nunca dependen de nuestra fuerza, sino de la presencia fiel de Dios irrumpiendo en medio nuestro. Hoy, quiero invitarnos—laicos y clero—a recuperar esa postura del aposento alto. El libro de los Hechos nos dice que, en Pentecostés, los discípulos no estaban diseñando estrategias ni resolviendo problemas. Estaban esperando. Estaban confiando. Estaban creyendo que Jesús c...
I am an introvert. It can sometimes be difficult for me to find my way around large groups or crowds, especially when I don’t know people, or when the group of people I am trying to connect with has a “close/tied” relationship with one another. While over the years I have acquired different relational tools to help me navigate this aspect of who I am, it can sometimes still be a challenge. When I started serving as a District Superintendent, I set a goal of visiting all the congregations in my district in 2 years. During these visits, I wanted to worship with the congregations and get to know their leaders, but I also wanted to learn about their hospitality practices. Sadly, on several occasions, my experience as a visitor (sometimes as a “special guest”) was not very good. On one visit, I managed to enter and exit the worship service without anyone noticing/acknowledging my presence. In all these instances, I observed congregants being nice to one another and relating well to each oth...